miércoles, 11 de marzo de 2015

Víctimas del "Baby Crash"

La primera vez que escuché ese término, fue gracias a la bellísima Ángeles, quien en éste post explicaba todo.
Yo, puérpera, preguntándome y preguntándole a mis amigas cuándo se terminaba eso que había empezado con mis últimos meses de embarazo, eso de que la persona que yo había elegido como padre de mi hija, mi compañero, mi marido fuera más bien, un enemigo. Alguien que irritaba y a quien yo no podía ver como hombre, y no podía abrazar sin estar pendiente de mi hija.
Y ante tanta consulta y preocupación de mi parte, apareció Ángeles con el link del post, y remonté un poco la situación, "la remé" como dicen... pero saben qué? No fue suficiente.

Así que como a millones de conocidos y desconocidos, nos tocó.
Nos desconocimos como padres, era una faceta nuestra que estaba oculta, y cuando salió a la luz, ninguno de los dos quiso aceptar la del otro.
No nos bancamos el puerperio.
No nos bancamos... mejor dicho, Martín no se bancó a su esposa con ojeras y camisón de amamantar. No se bancó que en sus primeros meses de vida, yo eligiera quedarme con mi bebé a la noche, en vez de salir a cenar.
No se bancó que yo interrumpiera sus abrazos cuando ella lloraba.
No se bancó que yo quisiera criarla con apego, que duerma en nuestra cama, que la tenga todo el día colgada en el fular.
No se bancó, que Cata fuera lo más importante en mi vida, se sintió desplazado, poco hombre, solo, y en vez de acoplarse a nosotras, entendernos, abrazarnos fuerte y pasar la tormenta los tres juntos como familia, decidió buscar afuera algo más.

Cuando Cata cumplió su primer año de vida, se aproximaba el fin de nuestra relación de 8 años, y yo ni siquiera lo sospechaba.
Enseguida Martín empezó a comportarse de una manera muy agresiva, y sólo cuando empecé terapia me di cuenta de que me estaba ejerciendo violencia psicológica.
Decidimos mudarnos, supongo que como "manotazo de ahogado", a una casa más cerca del centro, más grande, más bonita...
Hicimos contrato de alquiler por 4 años.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Con ganas

Es imposible detallar en un sólo post todo lo que me pasó en este tiempo de ausencia.
Se que si les contara mi realidad actual, mi día a día, no entenderían nada porque mi vida dio un giro de 180 grados.
Cata y yo estamos bien, y eso es lo fundamental.
Y si hay algo más que valga la pena mencionar para resumir todo, es que tengo ganas de volver a escribir. De hacer esa catarsis que siempre me dio la escritura.
No tengo idea de qué hay del otro lado. No se si quedó alguien o los blogs ya pasaron de moda y este espacio está en el olvido, pero al menos para mí, como lo fue inicialmente, necesito volver.

El blog dará obviamente un giro como mi vida, y va a ser personal más que maternal, y aunque escriba para plasmar mi angustia, y mis sentimientos encontrados, aunque sea para terapia personal, realmente espero que haya alguien leyendo, porque extraño la compañía que me otorgaban sus comentarios en aquella etapa en la que todo iba bien en mi vida.

jueves, 1 de mayo de 2014

Este maldito tiempo que vuela

Cata está por cumplir 11 meses.
Abrí este blog para tener recuerdos, un diario sobre cómo iba mi embarazo, para dejar registrado cómo pase cada día de lo que fue una etapa feliz y pacífica.
Y hoy hago uso de este blog. Hoy cuando tengo algún ratito libre abro el archivo y busco para saber qué pasaba por mi mente hace un año atrás, cuando Cata aún estaba calentita y cómoda en mi panza.

Hace un año estaba anidando y preparando el bolso. Salía finalmente de licencia por maternidad, y deseaba que el embarazo se adelante porque la ansiedad me mataba.
Hoy intento escribir con una niñita sentada en mi falda, balbuceando "mamá" y mirando atenta a la pantalla. Una nena que está aprendiendo a caminar y dejando de ser bebé...

Estamos con los preparativos de su primer cumpleaños y cada tanto me invade una nostalgia por verla tan grande, por recordarla recién nacida y preguntarme ¿cuándo creció tanto?.
Y encima pensar que esto es cada vez peor, que cuando quiera acordar le voy a estar preparando el cumpleaños de 15!

Les dejo unas fotos que  armé el otro día y subí al facebook, a todos les gustó tanto pero tanto como a mí;



jueves, 20 de febrero de 2014

Hey! 8 Meses, 10 días

Me cuesta escribir y no por no tener tiempo.
Nuestra rutina se fue acomodando, de modo tal que puedo tener mis espacios propios para ver una serie mientras Cata juega solita en el piso, o internarme en la compu como en las viejas épocas mientras duerme alguna de sus siestas.
Me cuesta escribir, y no se bien por qué. Después de tanto tiempo se imaginarán que temas y anécdotas sobran, pero algo que amo tanto como plasmar mi vida en un word, una plantilla de Blogger, o un papel (qué alejada estoy del lápiz y el papel!) me da pereza.

Para contar, tengo que mi hija está gigante. Anoche mientras dormía la miré y no me lo creí, leer sus medidas en la libreta de salud no me hace el mismo efecto que mirarla detenidamente y recordar el día que nació.
Supongo que en la medida de que siga creciendo cada día va a ser más increíble que estuvo en mi panza, que yo de alguna manera, "la creé", que mi cuerpo hizo esa piel como las ostras hacen las perlas (jaja, me fui a la mierda, perdón, pero se me vino esa similitud a la mente).
Ya come 4 veces al día y quiere gatear. Se para mucho y se enoja cuando la acuesto y no le enchufo la teta inmediatamente.

Al menos una vez al día pienso en que la maternidad no es tan difícil.
Bueno... Cuando lloran y gritan aparentemente sin razón, y no hay manera de calmarlos uno mira por  la ventana, o un portarretratos con una foto de la "vida pasada" y recuerda lo fácil que era antes, poder tomarse una tarde entera para hacer NADA, echarse en el sillón a mirar la tele, pintarse las uñas (me es imposible desde que nació Cata, a menos que esté con alguien que me ayude a agarrarla cuando me pide upa con el esmalte fresco), ponerse aritos sin que sean tironeados, ir al baño sin público, almorzar sin apuros por dormir al bebé que reclama su religiosa siesta...
Pero salvo por momentos específicos del día, todo el resto es pura felicidad, puro amor, puro disfrute, y eso lo va volviendo fácil. Y por sobre todo, la rutina ayuda y mucho.

A veces pienso también, que mi vida podría ser mucho más fácil.
Es decir, podría dejar de rechazar el andador, y poner a Cata en uno de esos aparatitos del demonio para que juegue tranquila cuando está aburrida.
Podría darle lácteos, como hacen mis amigas, y no romperme la cabeza día a día a ver qué le cocino. Podría darle también Nestum o Vitina y sería AÚN MÁS FÁCIL.
Podría ponerle medias y evitar que todo el mundo me pregunte una y otra vez si el bebé no tiene frío.
O pedirle a mi suegra que la cuide una hora o dos, e irme a pasear, a tomar un tiempo para mí.
Pero elijo hacerlo del modo difícil. Y puede ser un acto narcisista, algo así como sentirme mejor madre al no darle Vitina, pero es lo que elijo.
Es que supongo yo que con el poder de internet, uno va descubriendo cosas que antes ni se imaginaba no?
Cuando nació Cata le compramos botitas, zapatillas, mini crocs para el verano, y meses después vengo a enterarme de que es mejor tenerlos con las patitas al aire.
Antes de ser madre, pensaba que los andadores estaban buenos, de hecho hasta ahora me dan ganas de comprarle uno cuando veo que el bebé de una prima con menos meses que Cata, camina y le encanta, pero enseguida pienso en que está la posibilidad de que en realidad sean malos para la columna, y condeno al infierno al andador, y en mi casa es mala palabra.

Desde hace bastante tiempo que queremos mandar a Cati a natación.
Martín ama nadar, compitió y fue profe en una colonia de vacaciones, así que estaba más que entusiasmado de poder ir con ella.
Cuando teníamos todo listo, para llevarla, le cuento a una de mis amigas y me dice que su pediatra le comentó que hay una enzima en el agua de los gimnasios que los bebés no pueden asimilar bien y eso les provoca, a futuro, un síndrome de ahogamiento o algo así, (todavía no le pregunté a la pediatra de Cata y no encontré nada en internet, saben algo al respecto?) así que descartada absolutamente la pileta, también están claro, las otitis y demás pestes que todos sabemos trae el comienzo de la pile, que triste...

Pero bueno, no crean que soy una madre sobreprotectora, al contrario, soy bastante relajada con respecto a golpes y caídas (aunque la culpa me mate, asumo bien los momentos de pánico en casa), a la ingesta de tierra, arena o pelos de gato (esto es lo que más me cuesta), es sólo que la simple idea de exponerla a algo que pueda llegar a hacerle mal ahora o en un futuro me da miedo, y prefiero no arriesgarme.

Y así es como llego a la conclusión y les cuento, por si aún no lo sabían, que la maternidad es fácil si una madre es relajada, pero ¡sorpresa! con la misma maternidad llega la imposibilidad (creo yo) de "dejar" (dejalo, no pasa nada). Es como si con la partida de nacimiento te dieran un rollito como el del papel higiénico (déjenme terminar, no piensen mal!) todo escrito con letra chiquita y te dijeran:

"Con tu bebé viene esta pequeña lista, son preocupaciones, acostumbrate a vivir con ellas hasta el día de tu muerte".

martes, 1 de octubre de 2013

1 Año

Planeábamos empezar a buscar un hijo, y ya actuábamos como si estuviera gestándose en mi, debatíamos sobre dónde parir, cómo criarlo, y de lo único que se hablaba en las cenas de casa era sobre juguetes y ropa diminuta.
Me juntaba a tomar cerveza con mi amiga, pero no charlábamos de otra cosa que no fueran hijos y bebés.
Hace un año tenía un examen de psicología. Me desperté, me fui a trabajar, y a media mañana empecé a sentirme mal.
Al principio pensé que eran los nervios porque la hora del examen se acercaba, pero como el malestar persistía, me di cuenta de que tenía un atraso de 2 días.
Puntual como reloj, recordé todas las veces en las que mi amiga me decía "Para mi que ya estás embarazada" y yo le respondía que todavía no me tenía que venir, que seguro este mes me venía; recordé también las veces en las que Martín me daba besos en la panza (para nosotros, aún vacía) soñando con el momento en el que allí estuviera nuestro bebé.
Pedí en el trabajo para retirarme y lo primero que hice fue ir a la farmacia a buscar un evatest. Y por primera vez de las tantas otras en las que compré este artículo, el farmacéutico me miró cómplice, y me dijo: "Buscando buenas noticias?"
Y por primera vez respondí sincera "SÍ".
Me fui a casa pero no pude esperar dos horas a que Martín regrese de su trabajo, estaba tan segura de cuál sería el resultado que quería que lo hiciéramos juntos, pero la ansiedad fue más fuerte.
Y luego de ver el positivo, me quedé sonriendo mirándome al espejo. Repitiéndome una y otra vez, "Voy a ser mamá", sin poder creerlo; sin imaginar siquiera, todo lo que eso significaba.

Hoy hace un año de ese día, y me vuelvo a mirar al espejo y aún no creo todo lo que pasó.
Definitivamente no soy la misma, aquella Chivi, aunque algo pálida por el malestar, se veía bien, prolija, descansada, esperanzada.
Lo que me devuelve el espejo hoy es una cara demacrada, despeinada, con alguna hebilla de mi bebé que encontré por ahí y usé para sacarme los pelos de la cara. Una cara que yo veo avejentada por el cansancio, ojerosa pero inmensamente feliz.
Y miro para atrás y pienso en que ya soy mamá, que ya pasé por esto que creí que nunca sería capaz de hacer, ya parí, sin epidural, sin cesárea, sin oxitocina, bien natural como les gusta acá y como yo tanto temía.
Y no puedo evitar recordar a la Chivi de hace un año como una niña, porque recién ahora estoy descubriendo la vida, sus prioridades, los verdaderos miedos y frustraciones.

A veces extraño estar embarazada. Tenía tanto tiempo para mi, una idea tan distorsionada de la vida como madre, tenía ganas de maquillarme y pasaba las tardes echada en el sillón mirando la tele, en vez de romperme la cabeza pensando "Y ahora qué más hago para entretener a esta criatura".
Pero después miro a esa criatura, y ella abre sus ojos grandotes y sonríe, y veo todo esto que me pasa y que pasó como algo mágico.



viernes, 9 de agosto de 2013

Los primeros dos meses

11:30
Hoy cumple dos meses mi chiquitita.
La que se despierta siempre de buen humor y con sonrisas que me estrujan el alma.
La que mira atenta la tele, y le gusta sentir el solcito que entra por la ventana.
La que se calma con Bublé y la Negra Sosa, y se divierte con Manuelita. O al menos, la versión que yo le canto.
La que ama el frío como el papá, y se sofoca y transpira enseguida.
La que odia que le saquen los mocos, bañarse, el chupete y la mamadera.
La que nunca me deja desayunar de corrido, o almorzar en horario, o cenar sin atragantarme.
La que me tira del pelo, me araña el pecho, me muerde sin dientes las tetas, y me rompe los tímpanos con sus gritos.
La que me impide escribir un post sin interrupciones.
Y por ella y su bienestar, soy capaz de no comer nunca más, de no volver a escribir un post, de vivir vomitada, o de morir del aburrimiento escuchando una y otra vez la historia de la maldita tortuga.
Estos 6 kilos de puro amor y fastidio. La mejor contradicción de mi vida, el mejor amor de mi historia.
La amo tanto que me duele, y es recién ahora que entiendo el significado de esa frase.
12:17

lunes, 15 de julio de 2013

Mi experiencia con la lactancia

Mucho se ha hablado en estos últimos días sobre la lactancia en el grupo de madres bloggeras y twiteras al que pertenezco.
Y todo el debate surgió a partir de la campaña de Unicef, donde la hermosa Natalia Oreiro dice que "Dar la teta es dar lo mejor de vos".
Entonces salieron muchísimas madres que eligieron no amamantar a defender la leche de fórmula. Otras que se decidieron por la lactancia materna también opinaron, y todas expusieron sus puntos de vista.
Yo no participé del debate, porque generalmente se inclinaban más por lo primero, leí mucho más a favor de la leche de fórmula que de la lactancia materna, y no tenía demasiado para decir ya que desde hace un mes y 6 días alimento a mi hija exclusivamente con mi leche.
Pero luego de que el tema rondara por mi cabeza durante algunos días, me decidí a dar mi experiencia al respecto.
Muchas sabrán, porque lo expresé varias veces, que durante mi embarazo dar la teta era una idea que me aterraba.
Leía la "Guía inútil para madres primerizas" y decían cada cosa que no ayudaba a subsanar mis miedos. Hablaban de grietas, de dolor incomparable, de un alienígena prendido las 24 horas del día succionándonos y privandonos de vivir, de amamantar con pezones sangrando, etc.
Leía "El primer año de mi bebé" de Marcos Mercado, y repetía una y otra vez que "amamantar era el acto más grande de amor", que era indispensable hacerlo para un buen desarrollo de nuestro hijo, y  miles de beneficios que no hacían más que angustiarme, porque no estaba segura de poder hacerlo.
Llegó a afectarme tanto, que lo hablé con la psicóloga. Le decía que me daba miedo el dolor, que tenía las tetas asociadas al placer, que cómo iba a separar el placer sexual del alimento de mi hija, en fin, muchas cuestiones angustiantes ante tanta presión externa.

Y finalmente cuando llegó el momento de darle la teta a Catalina, lo hice como lo más normal del mundo. como si siempre lo hubiese hecho; y ella también "se prendió" muy bien desde el principio.

Gracias a que ella se prendió bien, y a que yo usé los escudos aireadores de Bushi, jamás se me agrietaron los pezones, y jamás me causó un dolor.
Sólo me dio miedo la primera vez que me bajó la leche. Porque tenía las tetas duras y dolían, y como no sabía que era normal, temí una mastitis. Ese único dolor, duró dos días, y luego todo volvió a la normalidad.

Y es así como hoy, desde acá, puedo decir que disfruto muchísimo dando la teta. Me llena de amor verla alimentarse, y que pueda ser yo quien le brinde ese alimento.
De todos modos, no sé si prolongaría la lactancia más allá del año de Cata.
El sábado a la noche le dimos mamadera por primera vez (con mi leche) porque falta poquito para reincorporarme al trabajo y queríamos ir probando. Se la dio Martín y a mi me angustió un poco que la haya aceptado tan bien. Sentí que a partir de eso me necesita un poco menos...
Por suerte a los 5 minutos empezó a llorar en busca de más, e inmediatamente me la puse en el pecho, y felices las dos.

De este lado también se nota la presión que imponen en las campañas pro-lactancia, y no creo que sea de mucha ayuda (emocional) para aquellas que no pueden o no quieren hacerlo, pero tampoco me parece bien condenarla sólo porque no estamos obligadas a hacerlo. Sabemos que la leche de fórmula es muy buena, y que dar una mamadera con amor es mucho mejor que dar una teta por obligación, entonces que quede en cada una la decisión, sin estigmatizar ninguna de las dos partes.

-Hoy tuvimos el primer control con la pediatra oficial, y Cata pesa 5 kilos, aumentó 1.400 kgs. en este mes, qué felicidad!!-

jueves, 27 de junio de 2013

Rutina maternal

27 de Junio -miro la fecha en la computadora porque ni siquiera sabía que era jueves-
5 AM:

-Le di una teta
-Le hice provecho
-La cambiamos
-Le di la otra teta
-Le hice provecho de vuelta
-Escuchamos que se acaba de cagar nuevamente por lo que:
-La volvemos a cambiar
-Le limpiamos el vómito
-Le hablamos
-Le cantamos
-La paseamos en brazos por la habitación
-La ponemos boca abajo
-La paseamos boca abajo por la habitación
-Le hacemos masajes anti-cólicos
-Le cantamos una vez más
-La acostamos en la cama
-Le volvemos a limpiar el vómito
-La acostamos sobre el pecho del padre
-La acostamos sobre el pecho de la madre
-La mecemos
-Le hacemos el "ico ico caballito"
-La acostamos en su cuna
-La sacamos inmediatamente de su cuna
-La abrigamos
-La desabrigamos
-Le damos el chupete
-Lo agarramos de vuelta, lo enjuagamos, y se lo volvemos a dar, sólo para que lo vuelva a tirar
-La alzo en mis brazos y le muestro la lluvia por la ventana (mientras miro que la ruta está desierta, no hay nadie despierto a esta hora, y odio a todos)
-Martín sube el coche y la ponemos ahi
-La mecemos en su coche (mientras Martín le decía que se porte bien, porque sino no iba a tener un hermanito)
-La saco del coche y le doy una tercera teta
-Le hago provecho
-La ponemos en su cuna
-Dormimos.-

Y saben qué? No estoy de mal humor. No le tengo rencor. No me quejo. Y reconozco que hasta las 5 AM había dormido bastante bien (despertándome cada dos horas, por supuesto, pero ese es el concepto de "dormir bien" que tengo ahora). Casi podría decirse que estoy inmensamente feliz, optimista, contenta.
Hoy a la mañana intercambiamos miradas con la enana por al menos, unos diez minutos. Me dolía el cuello pero no podía dejar de mirar esos ojos que contenían el universo entero.
Le empecé a hacer morisquetas con la cara y ella intentaba copiarme. Es increíble. También se reía. Puede ser que se ría tan pronto? O era sólo un reflejo? De todas maneras, ya me tiene en sus redes...

miércoles, 26 de junio de 2013

Los resabios del dolor

Pocas veces desde que nació Cata tuve dificultades para dormirme.
El insomnio que tanto me afectaba durante el embarazo desapareció desde que no duermo 4 horas seguidas, y cada vez que mi cabeza toca la almohada caigo en un sueño profundo.
Pero hace un rato, mientras mi abuela y Martín cuidaban a mi hija, y me mandaban a descansar un poco, al meterme en la cama e intentar dormir recordé mi parto.
Recordé sólo los dolores, uno a uno, desde las contracciones hasta el momento en el que salió, a pesar de que fue en medio de una nebulosa confusa.
Y al recordarlos, me di cuenta de que cada vez que me dispongo a dormir, por más que concilie rápidamente el sueño, siempre, pero siempre sin excepción recuerdo mi parto con lujo de detalles.
Muchas mujeres dicen que es el dolor más grande del mundo, pero que pronto se olvida. Que al ver la cara de sus hijos lo olvidaron todo, o algo por el estilo.
Quizá aún es muy pronto para mí, pero tengo muy presente esos dolores, no olvidé ninguno y me persiguen como pesadillas. De hecho el otro día soñé con el parto, reviviendo el sufrimiento una vez más.
Las contracciones duelen al recordarlas, el momento en el que intentaban bajar a la gorda mientras yo pujaba duele, al igual que cuando me cosían los puntos, o me sacaban la placenta. Pero lo que más me duele es recordar el instante en el que el médico me clavó el codo en la panza.
Tanto que había leído y escuchado que eso no se debía hacer. Tanta ley sobre el parto respetado prohibiendo que los doctores lo hagan, y yo estaba tan dolorida, tan desesperada que no dije nada.
No hice nada al respecto, más que sentir que algo se quebraba en mi vientre mientras él me clavaba su codo.
Por suerte todo salió perfecto, y estoy eternamente agradecida al doctor, a la obstetra y a las enfermeras por acompañarme y ayudarme en el parto.
Mañana tengo un turno con el traumatólogo, porque los puntos se fueron, el útero está completamente retraído, las pérdidas son normales, pero el coxis y el sacro siguen doliendo demasiado.
A veces estoy sentada y pego un salto al sentir que el hueso cambia de lugar, es un dolor indescriptible, que viene cuando menos lo espero.
Otras veces, la mayoria, sufro al tener que pararme de la silla, el sillón o la cama, siento que al intentar ponerme de pie, todos mis órganos hacen fuerza para abajo, duele mucho.
Bueno, se que lo que se tiende a aconsejar, o a acotar en estos casos (al menos mi abuela me lo vive repitiendo) es que tengo el mayor regalo del mundo, que todo el dolor sufrido y actual valen la pena, y sé que es cierto; sé también que debería sentirme la mujer más feliz del mundo por este peceto que se convirtió en el amor de mi vida; pero a veces el dolor es más fuerte...
Les dejo un beso grande para todas. Gracias eternas por estar siempre del otro lado, las quiero mucho!

lunes, 24 de junio de 2013

Desencantándome

Ajá! El momento iba a llegar alguna vez no?
Ayer rompí en llanto. Fueron dos semanas bellas, de puro amor y alegría, pero unos cuantos días de no dormir casi nada a la noche, de seguir sufriendo los dolores del parto y del amamantamiento, y las incomodidades del cansancio.
El viernes fue el primer baño de Cata y al contrario de la creencia popular, no la dejó planchada.
De hecho la alteró bastante. El agua le gustó. El baño lo disfrutó, pero en cuanto la acostamos empezó el baile.
Se despertó 5 veces en toda la noche, algo que empezó a desgastarme poco a poco.
Para colmo, Martín tenía un día muy largo el sábado y me encargué de todo yo. Generalmente nos repartimos el trabajo: Yo le doy la teta, él le hace provecho, o la cambia, después le doy la otra, le hago provecho y él la acuesta. El viernes a la noche me apiadé de mi marido y casi no dormí haciendo toda esa tarea.
El sábado vino mi abuela y se quedó un ratito con ella mientras yo descansaba. Cuando llegó la noche, volvimos al ruedo... se despertó a las 2 AM y no se durmió hasta las 6. Su padre y yo nos mirábamos y no sabíamos qué más hacer. El le hacía la bicicleta, la ponía boca abajo, le cantaba, la mecía, y no había forma de calmarla. La alimentamos, la cambiamos, le cantamos, hicimos absolutamente todo lo que conocíamos pero la retoña no tenía ganas de dormir, estaba incómoda y tenía pedos. Los pedos no nos dejan dormir.
Y finalmente, llegó el domingo.
Sin haber dormido casi nada la noche anterior, cuando empezó a esconderse el sol yo sentía una mezcla de alivio y miedo. A las 22 hs. me la llevé a la habitación, y mientras Martín estudiaba abajo, yo le di de comer con luz tenue, le hice provecho, y cuando se durmió, intenté acostarla en su catre...

CAOS
CAOS
CAOS!!!!!
Y MUCHO MÁS CAOS!

La pequeña lloraba como posesa, gritaba mucho y yo me desesperé. Tengo la habilidad de cerrar los oídos, algo que pensé que me serviría en estos casos, pero cuando el llanto y los gritos se extienden durante casi 20 minutos, sin parar ni un sólo segundo, intento sentarme y me duele el sacro, intento pararme y me duele aún más, me duele un lado de la teta y noseporquédemonios, estoy cansada, tengo sueño y una hija que no me quiere, o eso aparenta con sus gritos, y después viene mi marido y la agarra y ella se calma, y de la boca de él salen las temidas palabras: "Nos tomó el tiempo, sólo se calma en brazos"; lo único que me quedó por hacer, fue explotar en llanto.
Me acosté, me tapé y me quedé llorisqueando en posición fetal.
Quería volver el tiempo atrás, quería estar embarazada y dormir como puerco, quería ser más que un par de tetas, un surtidor 24 hs.
Y vi todos mis miedos materializándose. Pero por suerte después de 5 minutos llorando a la par de mi hija, me recompuse, me armé nuevamente, me hice fuerte una vez más y seguí adelante.
Dormimos bien anoche. Turnándonos para tenerla en nuestro pecho, única manera de que ella duerma y por lo tanto, nosotros también.
Cada 3 horas se despertó a comer, algo que me pareció un oasis en el desierto, ya que venía pidiendo teta durante el día cada hora y media.

Ayer sentía rencor hacia la pequeña, tantas veces durante el embarazo me repetí a mi misma que los bebés no se mal acostumbran; que hay que darles todo el cariño que piden; y toda esa perorata de la crianza con apego, y cuando me pasó me sentí una boluda. La pequeñísima me tomó el tiempo. Tanto tenerla en brazos durante el día y ahora no me deja dormir si no está metida en mi cama, o sobre el pecho de alguno de los dos.
Martín la mimaba, y yo los miraba con el rabillo del ojo, desilusionada, decepcionada, pero a la vez tratando de reencontrarme con el amor inmenso que le tengo.
Esta mañana nos despertamos y la metí de lleno en su huevito. Por suerte se durmió re bien, y yo volví a entenderla. Recordé que es chiquita, que necesita amor, que no nos "toma el tiempo", sino que aprovecha y le gusta el cariño, y cuando no lo siente le hace falta. Más tarde, y un poco más relajada, intenté nuevamente llevarla a su catre, y se quedó dormidita durante más o menos dos horas. Así que tengo buenas esperanzas para esta noche.

En fin, les pido perdón por la redacción, pero sepan entender que el puerperio y el sueño me están afectando un poquitín. Cuesta concentrarse y pensar, mucho más escribir...

Les dejo un beso grande para todas!