viernes, 28 de diciembre de 2012

Estoy sola en el trabajo porque a todos se les ocurrió salir de vacaciones en esta mini-semana.
Tuve una mañana un tanto agitada, y tengo demasiado trabajo, pero no tengo ganas de hacer nada.
Que el nuevo año me encuentre a las corridas, armando recibos de sueldos y boletas, no me importa, pero yo decidí no hacer nada en la semana, y hasta ahora lo vengo cumpliendo bastante bien.
Y es así como me pasé la mayor parte de la mañana, mezclando clientes desubicados que no entienden que quiero ver videos en internet, con unos que encontré hace unos días de "Según Roxi".
Me encanta! Se los recomiendo!
Voy a seguir sin hacer nada productivo (incluyendo escribir una entrada larga)
Beso a todos y feliz fin de año!


Y feliz comienzo de año nuevo también!

jueves, 27 de diciembre de 2012

Manifiesto para niñas

Hace un tiempo, en un blog al que llegué por casualidad, encontré un "Manifiesto para niñas" y me pareció excelente.Lo guardé en un mail, con la intención de que si en un futuro tenía una hija, quería imprimirlo y ponérselo en un cuadrito en su habitación (aunque admito que es medio largo, pero quería que lo supiese de principio a fin).
No sé si estaré esperando un varón o una nena, pero de todos modos quería compartirlo con ustedes; lo encontré acá.
"(breve listado abierto de consejos para todas las nenas de más de cinco años de edad)
1. No sos una princesa y no lo serás nunca, salvo que tu mamá o tu papá sean reyes o conozcas un principe y te cases con él. Sos una nena normal, común y corriente. Si vas a identificarte con algo, tanto da que sea con princesas como con amazonas, guerreros, artistas o jugadoras de fútbol.
2. Los príncipes azules son tontos, aburridos, y no existen. Pertenecen a los cuentos de hadas que te cuentan para que asumas (consciente o inconscientemente) que tu rol en el mundo es el de aguardar al hombre ideal que te alivie de las cargas de ser una mujer responsable y autónoma, que te salve de las fátigas de la sociedad y te convierta en madre de niños que deberían completarte como ser humano.
3. Todos los juguetes del mundo son para vos. No es verdad que haya cosas de varones y cosas de nenas. Lo cierto es que te van a regalar cocinitas, bebés de juguete y sets de belleza para que pienses que esas van a ser tus actividades cuando crezcas, incluso si estudiás una carrera y te apasionás por una profesión. Si querés tener más autitos que muñecas está bien. No dejes que nadie te diga lo contrario.
4. No hay límites para tus ganas de ser libre. Lo mejor que te puede pasar en la vida es elegir más allá de tu género, sin condiciones, y que tus elecciones varíen tanto como vos lo desees.
5. No aceptes que te digan “una nena no hace eso”. Los que te hablen así (incluso si son tus padres), quieren cortarte las alas y marcarte un camino que creen que es el que deberías seguir. Defendé tus decisiones, crecé sabiendo que los que sostienen divisiones según el sexo tienen cerebros chiquitos y mentes de villanos.
6. Trepate a todos los árboles que puedas, ensuciate todo lo que tengas ganas. Eso no es ser varonera sino estar viva y saber jugar.
7. Incluso ahora, cuando la mujer recorrió gran parte de su largo camino hacia la liberación, vas a encontrar discriminación en los que te rodean. Recordá que lo hacen porque tienen miedo y son ignorantes. Si podés, explicales que están equivocados. Si no, seguí en la tuya, que tu vida sea la mejor prueba de que no saben lo que dicen porque no lo han pensado bien.
8. El mundo está lleno de colores bellísimos, y el rosa no es uno de los mejores. Que tu existencia sea un arcoiris, no un merengue o una novela de la tarde.
9. Jugar a la mamá es mucho más aburrido que jugar a las escondidas o al veo veo. Buscate juegos que vayan más allá de cambiar pañales, dar mamaderas de mentira y usar ollas de plástico.
10. Los chicos tienen pito y vos vagina. No te falta nada, lo de la envidia del pene es un invento para que pienses que ellos son mejores.
11. Evitá las publicidades. Evitá las modas. Evitá todo lo que te quieran imponer desde la televisión, hasta que puedas discernir qué te sirve de todo eso.
12. Tu amiguita que tiene más muñecas que vos no es más feliz.
13. Nunca jamás dejes de preguntar por qué las cosas son como son. Nunca te conformes con la primera respuesta. Nunca te quedes con dudas si podés sacártelas. El conocimiento es luminoso y te abre puertas.
14. Huí de la violencia. No porque sea patrimonio de los hombres, sino porque es la herramienta de los imbéciles.
15. Nadie va a quererte más porque seas muy flaca ni porque tengas grandes tetas. Al menos nadie que valga la pena conocer.
16. Lee. Lee mucho. Lee hasta que te duelan los ojos. Lee cuentos, novelas, historias de piratas, extraterrestres y ballenas blancas. Incluso si al principio no entendés lo que estás leyendo porque sos chiquita, algo de eso queda en tu cabeza y después te vuelve una mejor persona, una persona que sabe razonar.
17. No descartes leer Cenicienta, pero acordate que ella y todas las demás se cansaron de comer perdices en la parte que viene después del “y vivieron felices para siempre”.
18. Lo mismo vale para la música, el mundo no se termina en Shakira y Selena Gómez. Si podés, aprendé a tocar algún instrumento, el que sea.
19. Casarte y ser mamá es uno de tus destinos posibles, no es obligatorio. Tu futuro no está escrito en piedra, vos podés moldearlo como la arcilla.
20. No siempre hubo mujeres presidentas. Son el producto de siglos de lucha y esfuerzo. No olvides a las que te precedieron, les debés mucho de tu libertad.
21. Las chicas que aparecen desnudas en las tapas de las revistas y en la tele lo hacen porque no tienen otra cosa que mostrar. Vos mostrá tu cerebro, que al contrario que tu cola, se va a poner más firme con los años."

Repito la fuente por las dudas: https://noentiendonada.wordpress.com/2011/02/06/manifiesto-para-ninas/

miércoles, 26 de diciembre de 2012

El lado B

Sabía que este día llegaría, porque todo lo bueno dura poco.
Y es así como empecé a encontrarle los defectos a la maternidad, algo que no permite que deje de sentirme feliz y especial, pero que es como pequeñas espinas, o piedritas en el zapato.

El viernes pasado tuvimos otra cena del trabajo de Martín. En esta descubrí que no todos me quieren, y sobre todo cuando hay un bebé (ya nacido) en escena. En ese momento paso a un segundo plano, porque el nacido es más importante y llamativo que el nonato que me hace sentir mal cada vez que me embucho de comida.

Descubrí que no estoy más sociable que antes, soy la misma inadaptada de siempre que solo se entretiene hablando de películas y contando chistes verdes. Y cuando no tengo la compañía adecuada (llámese alguien que disfrute de más o menos lo mismo) no tengo de qué hablar. Y no hay manera de remontarla.
Y es ahí cuando intentando integrarme, algunos vienen y me hablan de la panza. Oootra vez.

Y a mi me está dando bronca ser sólo una panza. Me da bronca que el único tema de conversación que encuentran conmigo sea el embarazo, y cuando se terminan las declaraciones que me canso de repetir mil veces (porque todos me preguntan lo mismo) se queden callados, mirándome un rato, para luego dar vuelta la cabeza y seguir hablando de frivolidades.

Otro temita que vengo sufriendo estoicamente, pero que ya me está cansando, es el alcohol.
Y si, es triste salir a un bar y tener que pedirme agua, o un jugo exprimido, o peor aún! Una gaseosa.
Siempre empiezan a pedir los demás primero:   -Un whisky
                                                                      -Dos Fernet
                                                                      -Un Campari
                                                                      -Un mojito
                                                                      -Un jugo exprimido...

Y el mozo me queda mirando, porque desentono, y empiezo a pensar que él cree que soy una alcohólica en recuperación, porque la panza, mientras estoy sentada no se me ve, y pongo mi mejor cara de "No me queda otra", y llegan los tragos y yo muero por probarlos (y por suerte le prohibí a todos los desgraciados que se pidan un Margarita, un Gin tonic, o un Cuba libre, sino había hoguera para ellos), aunque sea un poquito, y ahi me acuerdo que la doctora me dijo que podía, pero me acuerdo también que es Navidad y ya me tomé mi licencia de alcohol con el vino de la cena y el champagne del brindis.
Y me vuelvo a sentir una alcohólica en recuperación. Porque no puede ser que necesite TANTO un trago ahora que lo tengo casi prohibido, no puede ser que ahora la cerveza haya pasado de moda y a todos se les ocurra pedir cosas tan ricas, sólo para hacerme sentir más inadaptada aún.

Si ya sé, estoy exagerando, y el mundo no complota en mi contra, pero estoy embarazada y tengo derecho a tomarme esas atribuciones, después de todo, no la estoy pasando TAN bien como todos creen...

viernes, 21 de diciembre de 2012

Canciones de cuna

Si bien vamos a tener esa musiquita infantil, tipo Babies Go, u otra que no me acuerdo como se llama, queremos que nuestro niño escuche las canciones en su versión original.
Y es así como hicimos una lista con los temas que vamos a poner para "relax", y algunos los estamos implementando haciéndole escuchar a la panza (Yo se que aún es muy pronto, que no nos escucha porque es muy chiquito, pero nos hace ilusión, y mi profe de yoga dijo que mientras nosotros lo disfrutemos está bien).
Y es así como tenemos un TOP 5 de temas que van a ser exclusivos para canción de cuna.
Algunas veces se los vamos a cantar nosotros, otras, los vamos a poner en la radio que ya ubicamos en su habitación, pero mi niño va a poder disfrutar de lo que es bueno desde su nacimiento:








Hay alguna que se me esté olvidando?

jueves, 20 de diciembre de 2012

Mitos de género

Decidí llamar así a todas las técnicas que se conocen para anticipar el sexo del bebé.

Yo al principio, e independientemente de estas pruebas, estaba convencida de que esperaba una nena. Pero con los pocos meses que pasaron, se me dio vuelta la tortilla.
Martín, quien llamaba a la panza "Catalina", en cuanto vio la ecografía por primera vez dijo: "¡Es un varón! ¡Es Joaquín!".
Y a mi eso me mareó, ahora no se qué pensar, qué sentir.  El otro día en la clase de yoga, estaba meditando y la profe dijo que me concentre a ver si podía ver algo sobre el sexo, y lo primero que me vino a la cabeza fue VARÓN.
Pero no se si es porque ya estaba sugestionada con lo que me dicen Martín y mi prima, o realmente lo sentí así.

Una de las primeras pruebas que me hice fue la de la cadenita.
Esta me la había hecho mucho antes de quedar embarazada, porque anticipaba también la cantidad de hijos que ibas a tener, y siempre me salía, primero nena, después nene.
Me la volví a hacer, esta vez embarazada y salió lo mismo. Un punto para Nena.
Luego me hice la prueba de la cuchara y el cuchillo. Esa en la que hay dos sillas, una con un cuchillo y otra con una cuchara, ambos tapados con almohadones, y de acuerdo en la que elijas sentarte es el sexo del bebé.
Me la hicieron dos veces, y en las dos me senté sobre la cuchara, dos puntos para Nena.
Estaban también esos calendarios chinos, mayas o finlandeses que se guían por la supuesta fecha de concepción. En esos me salía VARÓN. Vamos empatados dos a dos.

Luego están también los mitos sobre ciertos aspectos del embarazo. Si te agarran demasiadas náuseas los primeros meses es porque es nena (aunque conozco varias personas que refutan con pruebas esta teoría, a mi me saldría NENA - 3 a 2), si tenés antojos más de cosas dulces que de saladas es una nena (En este punto sería VARÓN - 3 a 3), si la panza demora en salir es varón (3 a 4) y si es redonda es nena (Mi panza puntiaguda como pueden ver en la foto de perfil - 5 a 3 gana VARÓN).

Lo cierto es que aún me falta un mes para la ecografía en la que, si tenemos suerte, nos van a decir el sexo, así que es muy temprano para ver cuál de estos mitos es cierto y cuáles son patrañas.
Mientras tanto, sea por intuición, o por lo que me dicen los demás, cada vez que imagino a mi bebé, imagino a Joaquín.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

La primer Navidad, el primer Año Nuevo...

... que festejo embarazada.

También en Octubre festejé mi primer cumpleaños distinto, "especial" (aunque debo admitir que tanta expectativa le puse al cumple, que al final me desilusioné... con decirles que no tuve ni torta).
Mi bebé ya tiene su regalo de Navidad por parte de sus padres. Llegó ayer y estamos fascinados:


Todo empezó cuando comenzamos a idear su habitación (es la de la foto, pero esta llena de valijas y ropa de mi abuela que está hospedándose ahí). 
Al principio queríamos una practicuna. Nos parecía genial y bueno, valga la redundancia, muy práctica.
Luego vimos una cuna funcional, ESPECTACULAR, a casi $4000!! 
Ahí decidimos que esas están buenas, y empezamos a buscar una parecida, pero más accesible.
Y en un momento, surgió un tema que no habíamos tenido en cuenta: En los primeros meses, el bebé debe dormir en nuestra habitación, por lo que la cuna funcional, si bien entra, debería dejar algún mueble afuera.
Y no, no me gustaba meter tremendo armatoste en mi habitación, así que me puse a pensar opciones.
Y mi cabeza me tiró la idea del catre. Cuando le dije a Martín, al principio me dijo, "pero... ¿Es necesario?" y ahí le empecé a explicar mis razones, y a mostrar fotos de Mercadolibre (mi gran aliado) y empezó a entusiasmarse más que yo.
El sábado lo compré y ayer llegó a la terminal (¡me pareció rapidísimo!), y cuando lo abrimos, la emoción fue igual a la que experimentábamos de niños al abrir los regalos de Papá Noel.
Enseguida lo pusimos en su habitación, lo cansamos de tantas fotos, y nos gastamos los ojos admirándolo.

El primer regalo que le hacemos a nuestro bebé. Y me encanta...

martes, 18 de diciembre de 2012

Como comenzó todo

"Siempre hay algo que nos hace patear la búsqueda de nuestro hijo y siempre va a haber algo más. Queríamos un auto, ya lo tenemos, queríamos mudarnos a una casa más grande, ya lo hicimos, y ahora queremos tener unas lindas vacaciones, pero yo creo que luego de las vacaciones, va a haber algo más que nos va a impedir tomar la decisión, así que ¿por qué no nos ponemos las pilas y pactamos una fecha definitiva para empezar a buscar?"
Eso salió de mi boca, pero fue una especie de conclusión a la que ambos llegamos luego de una conversación sobre el tema.
Pactamos entonces, que si nada pasaba antes, ibamos a empezar a buscar un bebé en Marzo del año que viene.
Tendríamos tiempo para irnos de vacaciones, aunque sea a 200 km de acá, pero vacaciones al fin.
Yo también quería empezar terapia y cambiar mi plan de obra social por uno más alto.
Quería estar sana. Nunca fui de buen comer y sospechaba que estaba anémica o algo me faltaba, entonces mi idea era sacar turno con la nutricionista para empezar a alimentarme bien. Y secretamente, también quería bajar unos kilos para que el embarazo me agarre flaca y no engordar tanto en total.
En mis planes estaba ir al dentista, porque conozco una chica a la que se le cayó una muela durante el embarazo y tenía miedo de andar floja de calcio, empezar algún deporte o actividad, tomar el ácido fólico con la anticipación ideal y comprar una linda cámara de fotos.
De hecho tengo un mail que le envié a Martín el 25 de Septiembre, con asunto: "Cosas para resolver antes de buscar un hijo".
Durante esos días, en casa no se hablaba de otra cosa que no fuera el bebé o el futuro embarazo.
Me acuerdo que un día yo estaba tirada en el sillón mirando la tele, y Martín pasó y me dio un beso en la panza, diciéndome "¿Te imaginás cuando estés embarazada, que te de besos así en la panza sabiendo que está mi hijo?".
Charlábamos sobre dónde y cómo tener al bebé, yo convencida de que debía ser por cesárea programada, le decía que no quería ir a Buenos Aires, mi idea era tenerlo en Bariloche.
Planeábamos cómo organizar la habitación vacía de nuestra nueva casa; el futuro cuarto del bebé.
Pensábamos qué cosas íbamos a necesitar, y hasta incluso, nos parábamos embobados delante de las vidrieras con ropa de niños, soñando...


Y todo esto lo hacíamos sin saber que yo ya estaba embarazada, sin saber que dentro mío estaba eso que tanto esperábamos y todo lo que planeábamos estaba más cerca de lo que creíamos.

Un día, el 1 de Octubre yo tenía un parcial de psicología. Me desperté normalmente y me fui a trabajar como todos días, era un lunes más del montón.
A media mañana empecé a sentirme mal. Eran unas náuseas incontrolables, distintas a las que había sentido en ocasiones anteriores.
Cuando empecé a hacer memoria sobre lo que había comido, para ver qué pudo haberme caído mal, y ante mi sorpresa de que una ensalada de cena nunca cae mal, y un buen desayuno es lo más sano que hay, me vino a la mente, que ese mes, aún no me había venido.

Entonces pedí en el trabajo para irme a mi casa, y cuando salí lo primero que hice fue ir a una farmacia y comprarme un evatest.
El chico que me atendió me dijo "¿Buscando buenas noticias?" y por primera vez me di cuenta de que en esta ocasión si lo estábamos buscando, esta vez era muy distinta a las otras tantas veces en las que había comprado un evatest, entonces no pude más que sonreír y responder afirmativamente.

Cuando llegué a casa, lo hice.
También era distinto a los evatest anteriores en el sentido de que con los otros, siempre esperábamos a hacerlo los dos juntos. Siempre yo me enteraba que tenía un atraso, se lo contaba y lo hacíamos.
Esta vez, fue toda una revelación en un ratito, sin poder decirle nada, y decidí hacerlo yo sola, porque de ninguna manera podía esperar dos horas a que el vuelva del trabajo para sacarme la duda.

Y cuando después del tiempo recomendado, vi una rayita bien fuerte, y otra más asomándose tímida casi enloquezco.
Me acuerdo que me quedé mirándome en el espejo, buscando algo diferente en mí, ahora que ya sabía que iba a ser una MAMÁ.
Obviamente que no vi nada más que una cara de felicidad absoluta.

Cuando llegó Martín, yo no podía hablar. Lo miraba y me reía.
Me preguntó, "¿te sentís mejor?", y le respondí "NO" con una sonrisa gigante.
No pude contestarle con palabras cuando me preguntó qué me pasaba, y no pude más que llorar cuando me preguntó si estaba embarazada.
Lo agarré de la mano y lo llevé al baño para que vea la prueba de nuestra felicidad.
Y ahí nos abrazamos y nos besamos llenos de emoción, y lloramos los dos juntos de alegría.

Así fue el momento en el que nos enteramos de la llegada de nuestro bebé. Al rato me preguntó "¿Vas a ir a rendir?" y yo le respondí "¡Por supuesto!", y lo bien que hice, porque en ese parcial me saqué un 10.
Así que el niño vino con un gran 10 bajo el brazo.

Lo que siguió a eso, fueron dos test más, de diferentes marcas, porque si bien sabía que el positivo siempre es definitivo, esa rayita era muy tenue y queríamos estar seguros. Todos marcaron lo mismo, la seguridad no llegó hasta el resultado del análisis de sangre, que abrimos una tarde bajo la lluvia.
Él, con el sobre en la mano, me decía "Si es negativo no te pongas mal, nos ponemos ya a buscar" y yo le respondía "¡Abrí ese sobre de una puta vez!".
Y ahi estaba. Ese "Positivo", la clave de nuestra felicidad:


Resulta más que lógico que me haya temblado el pulso al sacarle una foto no?


** Edito la entrada para recomendarles este post de Paty sobre el embarazo! Embarazo = Estado de gravidez **

lunes, 17 de diciembre de 2012

Las madres light

No sé si me pasa porque aún no soy madre, pero las inclemencias en la vida de un bebé me importan muy poco.
Y con esto no quiero decir que voy a ser una mala madre, insensible ante el dolor de mi hijo, pero simplemente, siento que me voy a tomar las cosas con calma.
Puede que esté equivocada en esto, y puede que en cuanto vea a mi hijo por primera vez me agarre la locura maternal de querer meterlo en una caja de cristal para que nada le pase, pero sinceramente, hoy entiendo que lo que le pueda llegar a pasar a un niño, suele ser parte de la vida.
Ninguno de nosotros quedó traumado por la cantidad de veces que nos habremos caído no?
A eso voy, las primeras fiebres, las caídas, los golpes, siento que es algo natural y que no vale la pena preocupación. Si ocupación, por supuesto, pero tratar de tomar todo con la mayor naturalidad posible para no transmitirle a mi hijo el nerviosismo del momento.

Con Martín decimos también, que más adelante, sus moretones en las rodillas van a determinar la felicidad de su infancia, queremos que suba a los árboles, que disfrute y descubra el mundo. Y si eso conlleva algún que otro golpecito, ¿qué se le va a hacer? ¡son cosas de la vida!.
Ya me veo matandome de la risa porque la gata lo arañó, y repitiendole entre caricias que así va a aprender a no joder a los animales. (¿Está mal ser así?).
Igual siempre detesté a esas madres que van a los negocios y dejan a sus retoños sueltos haciendo desmadres, y a lo único que atinan es a decir "Juaaaaaaaaaaaaan vení acá no molestes" una sola vez, y cuando el niño-demonio ya rompió y toqueteó todo.
Así no, pero tampoco tenerlo reprimido como un muñequito de torta no? Siempre que no moleste a los demás, que aprenda las cosas, y si no las aprende cuando se las decimos, las aprenderá a los golpes... (Uff ¡suena re insensible de parte de una embarazada!).

Escribo esto semi convencida de que una vez que me convierta en madre va a cambiar mi visión de las cosas, y no voy a querer que nada ni nadie dañe a mi tesoro.
Pero hoy por hoy lo siento así, y estoy conforme con esto, así que espero no cambiar de opinión.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Bombón relleno / Mami hot

"Si esperás un varón, te ponés más linda, en cambio si estás engendrando una nena se roba tu belleza y pasas nueve meses siendo una persona horrible"
Algo así me dijeron una vez, y siguiendo esa teoría hoy por hoy, de acuerdo a lo que me suelen decir mis allegados, estaría esperando un varón.
Saliendo del tema de los mitos con respecto al sexo, de los que ya voy a escribir, siento algo más fuerte que "estar linda" o que alguna intrusa se haya robado mi belleza desde adentro.
Siento que los hombres no-se-ubican.
No se si es que estoy hecha una bomba sexual o qué, pero se me nota la panza, y sin embargo, los tipos me gritan cosas por la calle, desde autos, o me susurran piropos al oído.
Y yo me indigno, pienso "¡Malnacido! ¿No ves la panza que tengo? ¿Qué pasó con la ternura maternal que solemos inspirar?".
Lo mejor de todo es que si esto me pasa en Buenos Aires, yo lo entiendo, porque aprendí de los años en los que viví allí que los tipos citadinos jamás se ubican. Pero acá nunca me habían dicho nada, ni siquiera "buenos días" y ahora están como desesperados.


Una amiga cuando éramos adolescentes me contó que un tipo le había dicho ese piropo a una embarazada que ella conocía: "Bombón relleno". A mi al principio no me causó nada, al fin y al cabo, lejos estaba yo de ser merecedora de un halago de ese tipo, pero en el presente, creo que me molestaría, por más ubicadito que intente ser.

De todos modos, debo admitir que para una persona que en estado normal no superaba el talle 90 de corpiño, esto se está convirtiendo en un sueño. Y aprovecho, y uso remeras escotadas porque se que muy pocas veces más en mi vida voy a poder disfrutarlo. ¿Acaso estoy provocando? jejeje.
(Aclaro que no, no estoy provocando, tampoco es que soy la Tetamanti!)

Hoy tengo antojo de queso Colonia. Pero tengo que controlarme para seguir el plan que me dio la nutricionista a ver si me porto bien con el peso. Así que me voy a comer un par de galletas de arroz...(mami no-feliz).
Un beso a todos!

sábado, 15 de diciembre de 2012

Que si, que no, que caiga un chaparrón...

Aprendí que no hay nada más controvertido que el embarazo.
Bueno quizá si; tal vez la crianza del bebé es un tema con el que nadie se pone de acuerdo, pero empecemos por el embarazo.
Hace unas semanas fui a la nutricionista porque no quería engordar como una pavita rellena y convertirme en madre y soltera al mismo tiempo, así que decidí empezar a comer sano, e intentar engordar sólo lo justo y necesario durante estos nueve meses.
Resulta que la nutricionista, adorable ella, me dijo que estaba en perfecto estado, que sólo había aumentado un kilo y medio en los tres primeros meses y que siguiera así, y hasta incluso, en unas semanas debía empezar a engordar un poquito más.
Yo no se si me confié y aumenté el otro kilo y medio en sólo dos semanas, o la balanza de mi nutricionista pesaba como el tujes, pero cuando fui al control de mi obstetra, al pesarme lo primero que dijo refiriéndose a mi marido fue: "Esta chica me está asustando", y luego refiriéndose a mí: "Después de las fiestas te voy a bajar la caña, aumentaste tres kilos".

Salí del control, feliz por haber escuchado los latidos de mi bebé, pero con el orgullo herido y sintiéndome una futura madre amorfa. Esto no me gusta, yo estaba haciendo las cosas bien!
O dejo de comer, o compro dos balanzas para regalarle una a la nutricionista, y otra a la obstetra a ver si se ponen de acuerdo alguna vez!

Otro tema en el que varios profesionales (y no tanto) jamás logran coincidir es el alcohol.
Mi obstetra se la pasa repitiéndome que puedo tomar, con moderación una cerveza o un vino de vez en cuando, pero varias personas y médicos se horrorizan al escuchar esto. Entonces, ¿En qué quedamos?
¿Qué hago para ser una buena y responsable madre? Me postergo hasta que deje incluso, de amamantar, o "tomo" el embarazo como algo natural, y me tomo una cervecita cada tanto?

Con respecto a llevar el embarazo con naturalidad debo decir que muchas personas creen que màs que embarazada una tiene alguna clase de enfermedad en la que no puede caminar, correr, y en la que debe comer por dos. Para mi sinceramente, nada de esto es cierto, y hasta ahora, me viene saliendo todo bien.
Yo no digo no cuidarse, no digo correr una maratón de 42 kilómetros porque al fin y al cabo, es un deporte de alto impacto, pero no estoy lisiada y puedo caminar, hacer ejercicio y comer sanamente (aunque la mayoría de las veces no lo haga).

Y adelantándonos un poco, y también para ir redondeando el tema, está la crianza del bebé.
Yo elegí no leer aún ningún libro sobre maternidad, porque si bien no sé absolutamente nada, nunca en mi vida cambié un pañal con caca ni di la teta, siento que son cosas que iré aprendiendo naturalmente.
Pero una cosa es evitar los libros, y otra muy distinta es evitar las opiniones que todo el mundo está tan dispuesto a darme.
Y así llegan a marearme entre que el bebé tiene que dormir boca arriba, pero ahora boca arriba no, boca abajo, pero boca abajo ya no por la desdichada muerte súbita, entonces lo ponemos de costado y lo inmovilizamos con una especie de cepo de almohadas. Yo sinceramente ya no sé como poner a mi bebé en la cuna.
Tampoco se si dejarlo llorar, o correr a atenderlo cada vez que abre su boquita, no se si hacerle mimos y tenerlo a upa todas las veces que yo quiera, y dormir con el encima mío para disfrutarlo, o aislarlo en su habitación y que se haga adulto de una vez así no me toma el tiempo.

Por otra parte, dejando de lado las contradicciones a las que me veo sujeta, tengo otra cuestión y es que no tengo ni la más pálida idea de qué comen los bebés cuando empiezan con los alimentos sólidos...

Y así es como llegando al cuarto mes de embarazo, estoy más perdida que perrito sin collar con tanta información de mi lado, pero hay algo bueno en esto y es que tengo una sola seguridad:
Haga lo que haga, probablemente sea una excelente madre.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Todos me quieren

Esto del embarazo tiene tantos puntos a favor que ahora entiendo a las mujeres que tienen diez hijos.
Resulta que ahora, como estoy embarazada, me convertí en un ser adorable que no inspira otra cosa más que ternura.
 Y me da risa que una persona como yo inspire eso, ya que antes de este hecho afortunado, no había persona más antisocial que pise la faz de esta bonita tierra.
Ahora las cosas cambiaron, tengo tema de conversación con todo el mundo, todo ese mismo mundo se cree digno de darme consejos, y hasta algunos confunden la palabra "primeriza" con "pelotuda".
Pero lo mejor de todo, es que esto me está gustando. Yo no conocía las mieles de la simpatía hacia los demás, y ahora es algo que disfruto, porque como dije más arriba, todos me quieren.
No tengo que esforzarme en sacar conversación. Con que me pregunten si tengo náuseas empieza el raíd de temas que llueven y nunca llegan a su fin. Yo a veces soy medio mezquina con las respuestas, porque me imagino que a muchos les debe aburrir hablar siempre de mi y de esta circunstancia (a mi antes me aburría soberanamente escuchar sobre estos temas), pero parece que a más de uno le fascina el mundo de la caquita del bebé (al que voy a llegar pronto inevitablemente).
Y tan amigable estoy, y eso combinado con que Diciembre de por sí, es un mes de festejos, que desde el sábado que no cocinamos nada en mi casa. Y eso me gusta mucho:


Sábado - Canelones en lo de una compañera de laburo de Martin
Domingo - Palomita rellena con papas al horno en lo de mi suegra
Lunes - Sorrentinos con salsa de cuatro quesos en un restaurante, porque se cortó la luz en todo el pueblo y no daba cocinar a oscuras
Martes - Dos empanadas de jamón y queso y dos porciones de fainá en una pizzería
Miércoles - Superhamburguesa completa en un barcito (con papas fritas, si)
Jueves - Vino Martín de trabajar, trayendo un amigo bajo el brazo, quien a su vez, traía una pizza y una docena de empanadas... Bienvenido!
Y hoy es la cena de fin de año del trabajo de Martín, así que sigo de gira!

Esto es el paraíso. Me falta agregarle algo de alcohol a mi dieta (no, no tiene gracia ser la única que pide gaseosa), si no fuera por eso, elegiría estar embarazada por el resto de mi vida. 

jueves, 13 de diciembre de 2012

Quince semanas

Las personas "normales" detestan que las futuras madres les hablen en semanas. O al menos, así me pasaba a mi antes de que me inflaran el bombo alguna noche de Septiembre. 
Y hoy por hoy, entiendo los por qué de contar el tiempo de ese modo. Paso a detallar:

  • Es muy difícil ir contando en meses.
Se supone que el embarazo dura como 40 semanas (aún no estoy muy segura, debo googlear eso) por lo que a nadie le dan las cuentas si quieren deducir de eso, 9 meses. Parece que los médicos tienen una realidad paralela, un calendario alternativo que debemos seguir las embarazadas. Nuestros meses no duran 4 semanas como los del resto de los mortales, y para saber exactamente de cuántos meses estamos debemos hacer una cuenta un tanto complicada (para mi al menos, que nunca me aprendí las tablas) como para hacerla mentalmente las 532 veces que nos preguntan "¿De cuánto estás?". 
La cuenta, según me comentó una amiga, (también embarazada) es:

CANTIDAD DE SEMANAS / 30* 7

Y yo me mareo en la mitad, porque no sirvo para esto y siempre respondo: "3 meses y algo"/"Algo asi como 3 meses"/"3 meses y medio" (para los más exigentes).

  • Todas las embarazadas desarrollamos una ansiedad exasperante.
Y contando el progreso del bebé en semanas, parece como que crece más rápido, falta menos para conocerlo o alguna otra excusa que idea nuestra retorcida mente.
  • Porque SI.
Ahora que estoy preñada, descubrí el maravilloso placer de saber que cada cosa que haga, está justificada. Se me permite todo. Que si me quiero comer una barra entera de chocolate Águila (como efectivamente hice esta tarde) está perfecto porque a Bebé le hace bien, que si no quiero hacer la cola del banco, saco un poquito más la pequeña pancita que me salió y todos me dejan pasar (como efectivamente implementé esta mañana), que si quiero dormir como morsa todo el bendito sábado, y levantarme a comer un sandwich de banana con dulce de leche parada en la cocina y en pijama, está perfecto, porque lo necesito, y si me quiero comer un choripán a las 3 y media de la tarde, también lo tengo permitido, así que no se para qué vengo a darles explicaciones sobre por qué contamos el tiempo en semanas...

Ahora los dejo, porque voy a hacer buena letra y me voy a comer una fruta. Además, hace diez minutos que no voy al baño y ya me estoy haciendo pis de nuevo.