martes, 1 de octubre de 2013

1 Año

Planeábamos empezar a buscar un hijo, y ya actuábamos como si estuviera gestándose en mi, debatíamos sobre dónde parir, cómo criarlo, y de lo único que se hablaba en las cenas de casa era sobre juguetes y ropa diminuta.
Me juntaba a tomar cerveza con mi amiga, pero no charlábamos de otra cosa que no fueran hijos y bebés.
Hace un año tenía un examen de psicología. Me desperté, me fui a trabajar, y a media mañana empecé a sentirme mal.
Al principio pensé que eran los nervios porque la hora del examen se acercaba, pero como el malestar persistía, me di cuenta de que tenía un atraso de 2 días.
Puntual como reloj, recordé todas las veces en las que mi amiga me decía "Para mi que ya estás embarazada" y yo le respondía que todavía no me tenía que venir, que seguro este mes me venía; recordé también las veces en las que Martín me daba besos en la panza (para nosotros, aún vacía) soñando con el momento en el que allí estuviera nuestro bebé.
Pedí en el trabajo para retirarme y lo primero que hice fue ir a la farmacia a buscar un evatest. Y por primera vez de las tantas otras en las que compré este artículo, el farmacéutico me miró cómplice, y me dijo: "Buscando buenas noticias?"
Y por primera vez respondí sincera "SÍ".
Me fui a casa pero no pude esperar dos horas a que Martín regrese de su trabajo, estaba tan segura de cuál sería el resultado que quería que lo hiciéramos juntos, pero la ansiedad fue más fuerte.
Y luego de ver el positivo, me quedé sonriendo mirándome al espejo. Repitiéndome una y otra vez, "Voy a ser mamá", sin poder creerlo; sin imaginar siquiera, todo lo que eso significaba.

Hoy hace un año de ese día, y me vuelvo a mirar al espejo y aún no creo todo lo que pasó.
Definitivamente no soy la misma, aquella Chivi, aunque algo pálida por el malestar, se veía bien, prolija, descansada, esperanzada.
Lo que me devuelve el espejo hoy es una cara demacrada, despeinada, con alguna hebilla de mi bebé que encontré por ahí y usé para sacarme los pelos de la cara. Una cara que yo veo avejentada por el cansancio, ojerosa pero inmensamente feliz.
Y miro para atrás y pienso en que ya soy mamá, que ya pasé por esto que creí que nunca sería capaz de hacer, ya parí, sin epidural, sin cesárea, sin oxitocina, bien natural como les gusta acá y como yo tanto temía.
Y no puedo evitar recordar a la Chivi de hace un año como una niña, porque recién ahora estoy descubriendo la vida, sus prioridades, los verdaderos miedos y frustraciones.

A veces extraño estar embarazada. Tenía tanto tiempo para mi, una idea tan distorsionada de la vida como madre, tenía ganas de maquillarme y pasaba las tardes echada en el sillón mirando la tele, en vez de romperme la cabeza pensando "Y ahora qué más hago para entretener a esta criatura".
Pero después miro a esa criatura, y ella abre sus ojos grandotes y sonríe, y veo todo esto que me pasa y que pasó como algo mágico.